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La concha negra (Andanara Tuberculosa y Andanara Similis) es el principal ingrediente del tradicional ceviche de concha ecuatoriano, así como de varios platos típicos de la costa del país. Esta es recogida en los manglares, a mano, por los pobladores de dichos ecosistemas, los cuales están concentrados en dos zonas del país: en los manglares del sur de Guayas y norte de El Oro, así como en la Reserva Ecológica Manglares Cayapas-Mataje (REMACAM) en Esmeraldas. Esta última es de donde se obtienen la mayoría de las conchas que se consumen en Quito, capital del Ecuador, así como el objeto de nuestro estudio.
Uno de los equipos de JANUS analizó la cadena de suministros de la Concha Negra para comprender la situación socioeconómica de las poblaciones que viven en los manglares, así como de la estructura de la explotación, transporte y comercialización de la concha en el Ecuador.
Las comunidades visitadas, vía fluvial, fueron: Limones, Ancón, Mataje, Tambillo, Borbón, La Tola, Valdez, entre otras, partiendo desde el puerto de San Lorenzo o Borbón para llegar a las poblaciones internas del manglar. Fue necesario solicitar permiso de ingreso a la zona, por seguridad, ya que limita con Colombia y no está ajena a los problemas de guerrilla y tráfico de drogas, que le hace altamente conflictiva.
En un día un recolector puede sacar entre 30 y 150 conchas, todo depende de la suerte. Esta “suerte” cada vez es menor debido a la sobreexplotación del recurso. Si su “concheo” es bajo, el dinero recibido, no le alcanzará para la comida del día y tendrá que comer “al fio”; si logró más de 100 conchas podrá comer su familia ese día. Así, por cada 100 conchas que recogen, obtienen alrededor de 8 USD, pero, deben pagar transporte en lancha a las zonas de recolección e insumos, comprar principalmente guantes, caso contrario, les pica “el pez sapo”, el cual inmoviliza la mano y brazo hasta por un mes .
Toda la producción diaria la venden los recolectores a los intermediarios, en lanchas que llegan al puerto de cada comunidad. Ellos, a su vez, la llevan a San Lorenzo, donde la revenden a los acopiadores quienes la vuelven a vender a los transportistas que llevan las conchas a los mayoristas en Quito y Guayaquil, quienes vuelven a revenderlas a puntos minoristas o restaurantes.
Las comunidades visitadas, vía fluvial, fueron: Limones, Ancón, Mataje, Tambillo, Borbón, La Tola, Valdez, entre otras, partiendo desde el puerto de San Lorenzo o Borbón para llegar a las poblaciones internas del manglar. Fue necesario solicitar permiso de ingreso a la zona, por seguridad, ya que limita con Colombia y no está ajena a los problemas de guerrilla y tráfico de drogas, que le hace altamente conflictiva.
El trabajo y la naturaleza
Los paisajes de estos manglares parecen sacados de un cuento, infinitos matices de verde y fauna variada con aves de plumaje impresionante, multicolor. Los habitantes de la zona son afrodescendientes, viven en construcciones rústicas fabricadas con materiales del lugar, especialmente madera de mangle, que es dura y resistente a la humedad. Gran parte de la población se dedica a la recolección de conchas. Para sus faenas diarias, salen en botes a playas cercanas no habitadas, aprovechando la marea baja cuando estas están descubiertas, para introducir sus manos en el lodo y sacar el tan apetecido manjar.
En un día un recolector puede sacar entre 30 y 150 conchas, todo depende de la suerte. Esta “suerte” cada vez es menor debido a la sobreexplotación del recurso. Si su “concheo” es bajo, el dinero recibido, no le alcanzará para la comida del día y tendrá que comer “al fio”; si logró más de 100 conchas podrá comer su familia ese día. Así, por cada 100 conchas que recogen, obtienen alrededor de 8 USD, pero, deben pagar transporte en lancha a las zonas de recolección e insumos, comprar principalmente guantes, caso contrario, les pica “el pez sapo”, el cual inmoviliza la mano y brazo hasta por un mes .
Toda la producción diaria la venden los recolectores a los intermediarios, en lanchas que llegan al puerto de cada comunidad. Ellos, a su vez, la llevan a San Lorenzo, donde la revenden a los acopiadores quienes la vuelven a vender a los transportistas que llevan las conchas a los mayoristas en Quito y Guayaquil, quienes vuelven a revenderlas a puntos minoristas o restaurantes.
La cooperación
Existen varias organizaciones que luchan para que los habitantes de los manglares puedan vivir dignamente y que los recursos naturales sean conservados. En junio del año 2014, el Secretariado del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF por sus siglas en inglés) aprobó el documento del proyecto “Manejo integrado de espacios marinos y costeros de alto valor para la biodiversidad en el Ecuador Continental”, presentado por el Ministerio del Ambiente del Ecuador, en asociación con Conservación Internacional (CI) y el Instituto Humanista para la Cooperación con los Países en Desarrollo (Hivos), con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como agencia de implementación. El objetivo del proyecto fue desarrollar un enfoque de manejo integrado, para el uso sostenible y la conservación de áreas marino-costeras de alto valor para la biodiversidad, mediante el establecimiento de áreas de conservación, el fortalecimiento de las concesiones de manglar y la integración de la conservación de la biodiversidad en el sector pesquero.
